Esto le dice Sonia al tío Vania al final de la obra de Antón Chéjov:
Qué se le va a hacer, ¡Hay que vivir! Viviremos, tío Vania.
Pasaremos por una hilera de largos, largos días... de largos anocheceres...
soportando pacientemente las pruebas que el destino nos envíe. Trabajaremos
para los demás —lo mismo ahora que en la vejez—, sin saber de descanso. Cuando
llegue nuestra hora, moriremos sumisos y allí, al otro lado de la tumba,
diremos que hemos sufrido, que hemos llorado, que hemos padecido amargura...
¡Dios se apiadará de nosotros y entonces, tío... querido tío... conoceremos una
vida maravillosa… clara.... hermosa!... La alegría vendrá a nosotros y, con una
sonrisa, volviendo con emoción la vista a nuestras desdichas presentes...
descansaremos... ¡Tengo fe, tío!... ¡Creo apasionadamente! ¡Ardientemente!...
Descansaremos. Oiremos a los ángeles, contemplaremos un cielo cuajado de
diamantes y veremos cómo, bajo él, toda la maldad terrestre, todos nuestros
sufrimientos, se ahogan en una misericordia que llenará el Universo. Y nuestra
vida será quieta, tierna, dulce como una caricia... ¡Tengo fe... ¡Tengo fe! ...
Pobre. Pobre tío Vania, estás llorando. Tu vida no conoció la alegría..., pero
espera, tío Vania, espera... Descansaremos ¡Descansaremos!
Para Fernando Fazzolari.

Qué hermosura.
ResponderEliminar