Hay unas personas que tienen mucho poder y no tienen ni amor ni respeto ni consideración por los demás.
Esa gente nos chupa la sangre y quiere extinguirnos
Muchos de los que no tenemos poder tampoco tenemos ni amor ni respeto ni consideración por los demás.
Algunos nos defendemos ayudándonos entre nosotros, sosteniéndonos, bancándonos.
Ojalá sigamos resistiendo.
Cuando terminó la dictadura militar del 76 sólo podíamos tener dos futuros: dictadura o democracia.
Eso fue la democracia para los argentinos.
Necesitamos convertirla en absoluta.
Los dos apremios de los militares, además, nos quitaron toda posibilidad de pensar la democracia.
La lucha era a muerte contra la dictadura.
Democracia era solamente aquello que no era dictadura.
Pero no alcanzó con sostener la institucionalidad.
Siempre supimos que lo que teníamos era sólo no-dictadura.
Que no era realmente una democracia, sino un instrumento de dominación de la oligarquía y de Estados Unidos.
Con los años se hizo plenamente claro que esta democracia la vida de la mayoría está cada vez peor.
Es imposible que no concluyamos que la democracia no vale más que la dictadura.
Es necesario que vayamos más allá de garantizar la vigencia de la ley.
La oligarquía no está presa de nuestra dicotomía democracia-dictadura, porque ejerce una dictadura capitalista usando la democracia como legitimación.
También nosotros tenemos que romper la dicotomía democracia-dictadura.
Necesitamos crear algo diferente de esta dictadura con forma de democracia.
Tenemos que inventar algo nuevo, algo que ya está en la gente y los políticos no están construyendo porque son parte de la oligarquía.
Tenemos que hacer una revolución para crear un sistema que no dejará a todos felices, pero que saque de la indignidad a toda la sociedad.

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