— Mugriento —le dijo Robespierre a D’Anton, cuando entró al Palacio de Versailles horas después de la revolución, y lo encontró en una orgía de sexo y comida, disfrazado con las ropas de un Luis—. Mugriento. ¿Para esto hacemos la revolución, para seguir con los mismos lujos decadentes? ¿No es para acabar con esto por lo que dimos la vida?
D’Anton le señala este detalle: con él hay una multitud de pobres y desarrapados, todos gozando los lujos de la realeza. Él, sólo uno más de aquella hora, le respondió:
— Hacemos la revolución para que todos disfrutemos por igual de lo bueno que tiene Francia.
Hay una pequeña confusión que ha resultado en posicionamientos opuestos y extremos: la diferencia entre ser más y ser más que otros.
Entre tener más y tener más de lo que otros tienen.
Entre tener y tener lo que otros no tienen.
Es D’Anton y Robespierre y son las joyas de Evita.
Es peronismo y antiperonismo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario