Fue el Indio.
Fueron la banda de Los Redondos, incluidos todos los músicos y también la Negra
Poli, Rocambole, toda aquella gente.
Fueron los que entendieron desde el primer tema que
escucharon que estaban ante algo diferente.
Fueron los miles y miles hasta la masa tribal, el cuerpo
masivo de gente que sacudía la realidad, que comenzó a viajar a todas partes, a
copar ciudades.
Entre todos es toda una sola cosa.
Y ahora, qué hará esa masa huérfana con lo que le quedó.
Igual que con la Madres.
Qué haremos.
Qué vamos a hacer esa sola cosa, que tenemos nuestros muertos.
Tal vez nos dejaremos devorar, como el Viejo no pudo hacer
nada cuando los tiburones le comieron el Pez.
Tal vez no.
Nadie, nadie, nadie, que enfrente no hay nadie; que es
nadie la muerte si va en tu montura, galopa, caballo cuatralbo, jinete del
pueblo, que la tierra es tuya. ¡A galopar, a galopar, hasta enterrarlos en el
mar!
Quizás llegue la hora en que al fin sabremos que al que
tenemos enfrente es la Bestia.
Que no se desintegrará sola.
Que está desplegando todo su poder para quedarse años,
décadas, siglos.
Que todo lo que tenemos nos lo quitará, el dinero, las
casas, el calor en invierno, la comida, los hospitales, los hijos.
Quizás llegue la hora en que al fin sabremos que nos han
quitado todo, que nada conservaremos.
Si aún no estamos muertos, será la hora de pelear a muerte.
Ojalá no sigamos aferrados a pequeñas ilusiones tardando en
despertar.
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