lunes, 12 de septiembre de 2022

Noche junto al río Liangma

Anoche celebramos la Fiesta de la Luna junto al río Liangma.

Liangma significa “caballo brillante”. Quizás veríamos la Luna reflejada en sus aguas negras. 


La Fiesta de la Luna es la segunda celebración más importante del calendario tradicional chino y todas las familias se reúnen, casi como nosotros en Navidad. 

Se han perdido las ceremonias de mirar todos juntos a la Luna en el cielo, llevando a cabo una liturgia de protocolo preciso, pero aún se tiene a la Luna en la cabeza, y cada uno mira el cielo cada tanto para encontrarla, y si la Luna aparece muy grande,muy brillante, o muy hermosa, enseguida se comenta con los demás.

Se está pendiente de la Luna, como si fuera la madre perdida que uno pudiera ver.

Como la gente de todas partes los chinos, cuando celebran, celebran en familia. Claro que todo lo chino tiene sus peculiaridades. La familia china es muy pegoteada, uno no se suelta así nomás, todos son responsables de los demás, la voluntad de cada quien nunca puede hacerse si está en contra de la voluntad de los demás y de las costumbres, y los viejos son obedecidos y no se los respeta menos porque sean tiranos, y en el fondo tampoco se los quiere menos.

Eso, dentro de cada familia. Luego, el modo pasa a toda la sociedad. Los chinos sienten que todos los chinos son una familia. Se tratan entre sí como parientes.

Nosotros con nuestra LIBERTAD, con nuestros DERECHOS individuales, nuestro ESPACIO PERSONAL, con nuestra idea de que cada uno es un privilegiado contra los demás, para nosotros esa forma de los chinos de sentir a los demás como un familiar, ni siquiera la vemos. No es que la rechazamos: ni la vemos 


Cuestión que anoche nos juntamos amigos de España, Cuba, Argentina.

Cada uno tenía la familia muy lejos, en lugares donde era de mañana o de tarde.

Estábamos al lado del río a oscuras, en una pérgola rodeada de sauces llorones, esos que tienen las ramas tristes que caen hacia el agua como si en el agua encontraran consuelo.

Pablo y yo éramos los únicos que no vivíamos en China. Algunos eran periodistas, otras profesoras de español, escritores.

Una chica se emocionó cuando vio a Pablo, porque Pablo es un influencer que viene contando nuestro viaje a China en redes sociales y ella lo viene siguiendo.

Había un chico que era medio argelino, a quién abracé para darle las gracias por Zidane.Eso provoca Zidane, que alguien sea la persona que mejor me cae en una reunión.

Cuando llegamos con Pablo, ya se había tomado ,y luego seguimos tomando bastante más.

El que había convocado era Guille, que es una de esas personas que no se pone en el centro, pero siempre arma familia.

La Luna no se veía, estaba muy nublado, solo apareció un instante y le saqué una mala foto.

Había una chica argentina que irradiaba una energía muy limpia y ponía a todos de buen humor. En la oscuridad, su novio me contó que querían volver a Argentina.

Hablábamos de a dos, de a tres, de las cosas de cada uno y de China. Por más que uno viva en China muchos años, habla de China, porque siempre es necesario entender.

Un chico de España se puso a tocar un cajón peruano y el de Zidane sacó una guitarra. Pensé que se armaría una noche de fogón de esas en las que se cantan todas las canciones, pero no salían muchos temas musicales que supiéramos todos.

No fue un fogón. La argentina cantaba muy lindo, pero Zidane no conocía los temas que ella le pedía, y así se fue medio disolviendo la intención de estar unidos en la música.

Como el del cajón y Zidane ensayaron algo que tenía un aire flamenco, yo arranqué con el tango “Volver” en tono andaluz, que me parece que escuché en una película, y los demás se sumaron mientras se reían de mí, porque canto muy mal e hice un poco el ridículo. Luego sí cantó una canción flamenca una chica española. No me había fijado en ella, pero cuando la escuché cantar, me enamoró instantáneamente. Quise que no terminara nunca de cantar y quise irme a Andalucía y escucharla cantar allí el resto de mi vida.

Pero terminó y entonces fui hasta el agua, a ver si estaba la Luna reflejada. Tampoco.

Pensé en la señora Zhou, que hace nueve años está encerrada en un hospital psiquiátrico de Buenos Aires porque allí la abandonó su familia. Me pregunté si ella recordaría que hoy es el Día de la Luna, si acaso se acercaría a una de las ventanas enrejadas de su habitación, que comparte con otras doce mujeres, para encontrar la Luna.


Luego volví a los chicos, que seguían intentando cantar alguna canción al lado del río Liangma.




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