miércoles, 29 de abril de 2020

ECO ECO ECO



Hace cinco años mi querido y admirado Umberto Eco, que nació en el paese de mi bisabuelo, dijo que “las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas”.
Y: “tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los necios”.
Hace cinco años que esto no deja de entristecerme mucho.
Es feo cuando alguien tuyo, a quien sentís de tu misma pertenencia, te decepciona de una manera que casi no tiene vuelta atrás.
Cada vez que recuerdo lo que dijo Umberto Eco, vuelvo a preguntarle:
¿Quiénes determinan quiénes son los idiotas, Umberto?
¿Quiénes dan derecho a hablar a las personas según su idiotez o iluminación?
¿Las personas ganan el derecho a hablar por inteligentes, Umberto?
¿Tiene más derecho a hablar un ganador del premio Nobel, por ejemplo William Shockley, que proponía la esterilización de los negros, Barack Obama, que mandó decenas de miles de soldados norteamericanos a matar gente en Afganistán, Pakistán, Libia, Somalía, Fritz Haber, diseñador de máquinas para la aniquilación masiva, Shimon Peres, que expulsó a medio millón de libaneses de sus tierras, Henry Kissinger, socio de Videla, Pol Pot y Pinochet?
¿Compartís la vereda con esa gente para no estar del lado de los idiotas, Umberto?
¿Y cuál es el problema con las “legiones”?
¿Qué son muchas personas?
¿Los derechos son sólo para pocos?
¿Los pocos que deben tener derechos tienen nombre, tienen título de Nobeleza, y los idiotas son una legión, como un malón, un camión de peronistas?
Esta sensación de que Umberto Eco estaría tan feliz con el gobierno de los ricos en Argentina, que sumaría su voz a la de Fernando Iglesias, Jorge Lanata y Alejandro Rozitchner, me hace muy, muy difícil volver a leer con respeto absoluto lo que ha escrito.




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