Cuenta Kurt Vonnegut en “Payasadas”:
Durante un tiempo (mi hermano) Bernard trabajó para el laboratorio de investigación de la General Electric, en Schenectady, Nueva York. Allí descubrió que el yoduro de plata podía hacer que cierto tipo de nubes se precipitaran en forma de lluvia o nieve. Sin embargo, en su laboratorio reinaba un desorden tan espantoso que un extraño podía morir de mil maneras distintas según con qué tropezara.
El oficial de la compañía encargado de la seguridad casi falleció de un infarto cuando vio esta selva de celadas mortales y trampas explosivas, y reprendió duramente a mi hermano.
—Si usted cree que este laboratorio no está en condiciones —le replicó mi hermano—, debería ver cómo está la cosa aquí.
Y se dio unos golpecitos en la cabeza con las puntas de los dedos.
¿El desorden de la información de mi computadora es el mismo del de mi cerebro?
¿Podría suceder que antes de que termine el año una milagrosa AI china se habrá desarrollado lo suficiente como para ordenar la información en el cerebro de alguien y que le dé el mismo orden a su computadora?
Diríamos que no, considerando que el orden de un cerebro, que no guarda sino constituye los datos, que es fluido, que funciona con mecanismos que no se terminan de conocer, que es parte de una red porque no existimos sino en red con otras personas, que no es sólo físico, que tal vez está conectado con los dioses, que tal vez está conectado con el Universo, que incluye el caos, no puede compararse con el orden que puede haber en una computadora.
¿O sí, si consideramos las computadoras cuánticas y otras que no tenemos idea de que existen?
Esa AI debería superar lo que postula Jorge Luis Borges en “El idioma analítico de John Wilkins”.
Recordarán ustedes:
El doctor Franz Kuhn atribuye a cierta enciclopedia china que se titula Emporio celestial de conocimientos benévolos. En sus remotas páginas está escrito que los animales se dividen en:
a. pertenecientes al Emperador
b. embalsamados
c. amaestrados
d. lechones
e. sirenas
f. fabulosos
g. perros sueltos
h. incluidos en esta clasificación
i. que se agitan como locos
j. innumerables
k. dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello
l. etcétera
m. que acaban de romper el jarrón
n. que de lejos parecen moscas
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