jueves, 29 de septiembre de 2011

Cielo o infierno en las cajas chinas

Pareciera ser que el advenimiento de su madurez estuvo marcado por el momento en que empezó a jugar el juego de las cajas chinas: abría una y encontraba dentro otra cerrada, o varias, y a medida que las iba abriendo aparecían más y más, en una multiplicación infernal (abominable, porque instala el infinito, sintió Borges), salvo que en una de las cajas podía probadamemente aparecer un tesoro. Entonces el infierno se volvería Cielo.

Además, a su edad ya no podía volver. No le quedaba sino seguir abriendo.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Palabras


Por una calle de Barrio Norte, Pacheco de Melo o Azcuénaga, este hombre (parecía extranjero, holandés o francés) llevaba en el hombro un loro. Escuché al loro: "este es mi Hijo Bienamado".

Otro. Este era un linyera que estaba borracho en la penumbra maciza del sector de Plaza Houssay ocupado por los miserables. Pasé cerca y oí que pronunció mi nombre. Me detuve a observarlo para descubrir quién era. Quién, que yo conocí, se derrumbó con el vino hasta llegar a esa penumbra, o quien se volvió loco o por algún motivo se zafó de la vida hasta acabar tirado ahí. Por un instante no pude reconocerlo porque me tenía los ojos clavados sin piedad. Luego lo miré bien: no era alguien que conociera. Me pidió un faso. Le dije que no fumaba y seguí andando.

martes, 27 de septiembre de 2011

Una pizca de destino


Alrededor de la durísima palabra destino hay una serie de coadyuvantes: fatalidad, forzoso, ineludible, insanable, irremediable, inevitable, indeclinable, indefectible, obligado, infalible, irrevocable, inapelable, ineluctable, necesario, insalvable.

La idea del destino se nos hace absurda. Quizás la investimos de absurdo, un tipo de absurdo que nos ofusca y provoca, y enfurece, porque atenta contra nuestra idea de libertad.
Esta contienda ha sido largamente discutida cuando el escenario era la Voluntad de Dios y el Libre Albedrío con el planteo: si todo lo que sucede en el Universo es obra de Dios Todopoderoso, ¿qué es eso de la libertad que otorga al hombre, de matar o amar, etc.?

Para muchas sociedades, el destino ha sido fantásticamente liberador: nada tengo que decidir, dado que todo ya está decidido.

Sin destino, se hace camino al andar. Cuando el destino existe, entonces cada uno de nosotros, todo el Universo, es su carnadura esclava, que no tiene otra razón de ser que servirle de soporte.

Los viajes en el tiempo son otro escenario para discutir el tema: no podría existir la realidad si un factor de un momento pudiera viajar al pasado y alterar las cosas, dado que en última instancia podría eliminarse, y entonces estaríamos ante un ser y un no ser.

Podría haber un destino que fuera como una partitura musical, que prevé todo lo que sucederá, pero deja lugar a diferentes maneras de ejecutarlo.
Algo así como si nos dijeran: el destino de ustedes es la vida hasta la muerte. La manera en que ejecuten esa partitura queda en sus manos.
Buen provecho.


viernes, 23 de septiembre de 2011

Honey, I'm home!

Hola Bichi... pero mirá qué carita tenés. Te mataron, ¿no? Cuándo conseguirás algo mejor. Dejá todo ahí, no te preocupes. Dejá todo, después juntás. Ahora sacás a Lila (la bulldog francesa). No te olvides la bolsita.



jueves, 22 de septiembre de 2011

Dang Dai, primera revista de intercambio cultural argentina-china

Estamos como locos con nuestra revista Dang Dai.

Es revista impresa (aparecerá el día que comience cada estación; ayer apareció la PRIMERA, como corresponde, con la PRIMAVERA) y página web.






La hacemos los tres viejos periodistas que hicimos El otro bicentenario: Camilo Sánchez, Néstor Restivo y yo, con un grupo de jóvenes que son los que trabajan: Diego Fieramosca, Diego Pallanch, Martín Rosetti, Horacio Paone, Leandro Teysseire.

Nos hemos metido en un partido de fútbol, la relación entre Argentina y China, en el que cada vez se juegan más cosas, a un ritmo insospechadamente vertiginoso, con una aceleración impredecible, al que entran a jugar cada vez más jugadores, y cuyo resultado podría ser una refundación de la Argentina.

Algunos de nosotros está poniendo en juego su carrera. En lo personal, pongo en juego mi apellido -esas solas 2 consonantes en que caben mi padre y mi no padre, mi ubicación en el juego de pertenencias, mis hijos, mi argentinidad y mi chinidad, etc.

Es, en fin, un partido que vale la pena jugar.

Dang dai = tiempo presente.
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lunes, 19 de septiembre de 2011

José el de la zapatería


El Gringo Tossi no lo iba a soltar ni loco al José. Había empezado a ayudarlo en la zapatería cuando tenía 16 años y el Gringo le había enseñado todo. Y le había salido buenísimo; no faltaba nunca, era tranquilito, obediente, nunca se quejaba y hacía todo bien. Hacía todo mejor que el Gringo. Inventaba, encontraba soluciones que el Gringo no conocía. Un día el Gringo lo encontró fabricando unas sandalias que nunca había visto en su vida. Josecito le dijo que una cliente le había llevado un modelo que había comprado no sabía dónde (“en otro paíse”, dijo el Gringo) y le había pedido que le hiciera un par igual. El Gringo agarró una sandalia, le miró los detalles, la estudió, se le devolvió a Josecito y le dijo “te da maña vos, ¿eh?” Tiempo después lo encontró haciendo un par de zapatos. Le preguntó si también lo estaba copiando y Josecito le dijo que no, que se los estaba haciendo a un tío que le había pedido. El Gringo conocía al tío, un imbécil que se llevaba todo por delante porque vivía en Norteamérica. Se la pasaba comparando para decir que “allá estas cosas no pasan”, “allá es todo automático”, “allá esto no lo usan más”. Josecito le creía al tío y lo que el tío le pedía, corría a cumplirlo. “¿Y cuánto te paga el tío?”, preguntó el Gringo, y Josecito hizo un gesto de que eso no tenía ninguna importancia.
El par de zapatos que estaba haciendo Josecito era prodigioso. El Gringo los miraba, los daba vuelta, los sentía y le parecía increíble que ese pibe que estaba todo el día sentado en un rinconcito minúsculo y oscuro de la zapatería sucia, hubiera hecho algo tan perfecto.
“Vó podé trabajar de diseñador”.
Josecito no lo entendió, porque no sabía qué era un diseñador y porque no se le ocurría que podía trabajar de otra cosa.
“Este infeliz, pensó el Gringo, no es pobre de plata. Es pobre porque se pasa la vida haciendo la milésima parte de lo que podría hacer, nada más que para que yo le pague una miseria, y con lo que podría vivir bien —vivir bien, ¿no?, viajar, ganar dinero, hacer lo que le gusta, mejorar— hace cosas que no las vende, ni las muestra. Las deja tiradas por ahí, o las regala. Se va a quedar toda la vida conmigo”.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

El arte para qué


No puedo decirte qué hace el arte y cómo lo hace, pero sé que a menudo el arte ha juzgado a los jueces, vengado a los inocentes y enseñado al futuro los sufrimientos del pasado para que nunca se olviden. Sé también que en ese caso, los poderosos le temen al arte, cualquiera sea su forma, y que esa forma de arte corre entre la gente como un rumor y una leyenda porque encuentra un sentido que las atrocidades no encuentran, un sentido que nos une, porque es finalmente inseparable de la justicia. El arte, cuando obra de ese modo, se vuelve un espacio de encuentro de lo invisible, lo irreductible, lo imperecedero, el valor y el honor.


(Fragmento final de MINEROS, ensayo recogido en CADA VEZ QUE DECIMOS ADIOS. Traducción: Graciela Speranza. Ediciones de la Flor)