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viernes, 13 de marzo de 2026

Una pavada

Hace muchos años estuve en una entrevista abierta que le hicieron a la escritora de novelas Nené Cascallar, tal vez en la Feria del Libro.

Los artistas, los políticos, los pubilicistas, de diferentes modos captan algo que hay en el alma masiva de la gente, del Pueblo. Nené Cascallar se lució aquel día poniendo en palabras hebras del sentido común de su público.

Dijo, por ejemplo, que a los varones les cuesta mucho estar con las mujeres. Forzados a estar juntos mucho tiempo en una misma casa porque se casaron, el varón se aburre de la mujer y ya se quiere ir a ver la televisión o a dormir. 

— Porque ¿qué quieren los varones? —preguntaba—. Quieren estar con otros varones. Quieren ir a jugar al fútbol, a hablar de negocios, todas esas cosas que hacen entre ellos.

Podía ser una verdad muy parcial o caprichosa, pero era una verdad.

En otra parte de la charla habló de la infidelidad. Dijo que la infidelidad es tener intimidad con otra persona. Una chica que le cocina a un amigo, un hombre que le cuenta a su mamá lo que no le cuenta a su esposa. 

— No hace falta mucho. Nada de grandes traiciones, sexo, aventuras de película, pasiones. Alcanza con pequeñas cositas, un regalito que uno le hizo al otro y lo conserva en un lugar muy propio, algo que vivieron juntos, una pavada, pero que dejan al mundo afuera. La intimidad. Y además es muy solapada. Se puede hacer sin que nadie lo note y no es necesario confesarlo, porque es una pavada.

Nené Cascallar fue la autora de “El amor tiene cara de mujer”, que estuvo ocho años en el aire. Era sobre mujeres que trabajaban en un instituto de belleza. Estaban Bárbara Mujica, Iris Láinez, Delfy de Ortega, Claudia Lapacó, y trabajaron Rodolfo Bebán, Arnaldo André, Norma Aleandro, Evangelina Salazar y otros.





miércoles, 25 de febrero de 2026

Paréntesis

Me quedé impresionado con la forma en que el marido de Drive my Car se banca que la mujer le haya sido infiel muchos años con muchos tipos.

Hay un tema en esa película que saca el tema de la traición del formato de historia de amor. La infidelidad y la tolerancia a la infidelidad están de alguna manera relacionados con que se les murió una nena.

Dejando eso entre paréntesis, repasé casos de tolerancia a la infidelidad en novelas, películas y en la realidad.

Pensé que donde mejor lo encontraría expresado sería en el tango, porque nada hay más confesionario que el tango. 


Recordé la letra de “Cobardía”, de Luis César Amadori: 


No sé qué daño he hecho yo pa' merecer

esta cadena inaguantable de dolor,

que cuando no te beso no puedo respirar

y siento que me ahoga tus labios al besar.

De sufrir tanto perdí la dignidad

y no me importa saber que me engañás.

¿No ves que necesito de vos? Te quiero ver.

Hablame como siempre. Decí que me querés.


Yo sé que es mentira

todo lo que estás diciendo,

que soy en tu vida

sólo un remordimiento.

Yo sé que es de pena

que mentís pa' no matarme;

lo sé, y sin embargo

sin esa mentira no puedo vivir.


Anoche mismo he podido comprobar

que ni la puerta de esta casa respetás;

yo vi con estos ojos los besos que te dio

y oí que se reían burlándose los dos.

Humildemente, sin embargo, ya lo ves,

yo te pregunto: ¿Todavía me querés?,

y cerrando los ojos escucho que jurás

que nunca me engañaste, que no me olvidarás.


Como no recordé más, les pedí a dos inteligencias artificiales diferentes que me mencionaran letras de tango en la que un hombre cuenta cómo tolera la infidelidad y me dieron estos casos:


En “Mala suerte” Francisco Gorrindo dice:


“Yo sé que me engañás, que no me querés nada,

que cuando te ausentás es por otro querer.

Y sin embargo, mirá si soy zonzo,

que si no te veo, me pongo a llorar.”



En “Un tropezón” Luis Bayón Herrera dice:


“Un tropezón cualquiera da en la vida,

y vos tuviste el tuyo... ¡qué le vas a hacer!

Vení, sentate aquí, no estés así, afligida,

que ya no queda nada de aquel otro querer.”


“Hacé de cuenta que has tenido un sueño...

que lo que ha pasado ya se terminó.

Y volvé a ser la misma, que yo soy tu dueño,

que aquí no ha pasado nada... ¡entrá, que te quiero yo!”



En “Miedo”, César Vedani dice: 


“Tengo miedo de que un día te canses de mis mimos,

tengo miedo de que busques otra boca, otro calor...

Y por eso te perdono, y por eso me callo,

y aunque vea tus mentiras, te juro mi amor.”


Resulta interesante que las tres letras son totalmente inventadas por las IA.

Tres completos bolazos.

Quien no sabe nada de tango y confía en las IA, saldría a contar cómo Gorrindo, Bayón Herrera y Vedani escribieron esas letras, y estarían reproduciendo un disparate.

Ya lo sabemos a esto, no es ninguna novedad, sólo que vamos tomando mejor consciencia.

Este mismo tema llevado a una cirugía o al manejo de un auto sin chofer, se pone un poco oscuro.


En fin, el mundo de la inteligencia artificial pareciera que es otro paréntesis.