viernes, 17 de enero de 2014

Uno x Uno


Hay hombres y mujeres.
Luego mujeres a las que les gustan las mujeres.
Hombres a quienes les gustan los hombres.
Mujeres que les gustan las mujeres y también los hombres.
Hombres que quieren ser hombres y les gustan los hombres y hombres a quienes les gustan los hombres que quieren ser mujeres.
Hay mujeres a las que les gustan los hombres que quieren ser hombres y les gustan los hombres.
Hay hombres que les gustan las mujeres a quienes le gustan los hombres que les gusta ser mujer.
Etcétera. You name it.
Pueden seguir vos construyendo la lista de posibilidades.
Y aún así, estamos manejando los términos “hombre” y “mujer” como enteros. Imagínense si empezáramos, para acercarnos a la realidad un poco más, a manejar porcentajes: las mujeres me gustan 80% y 20% los hombres.
Ya entiende la mente un poco calculadora que las posibilidades son infinitas.

Pero no hay infinitos humanos.
Bueno, las posibilidades de las huellas dactilares son también infinitas, sin que existan infinitos humanos.
Podríamos decir que hay una forma de huella dactilar por persona.
Una persona, una huella dactilar.
Para horror de algunos, podríamos hacer esta pagana transpolación: una persona, un género sexual.

¿Quieren llevar esta locura al frenesí?
Las huellas dactilares se mantienen igual durante toda la vida, el género sexual no.

Si esto fuera un vector, algunas sociedades podrían dirigirse a un tipo de relación entre las personas en las que X se aparea con Y, sin que pueda identificarse ni a Y ni a X con un género social general.

Sería el fin del género sexual.

jueves, 16 de enero de 2014

Sincronicidad


Ponés tu pecho contra su pecho: los dos se dan cuenta de que los corazones estaban (¿desde cuándo?) dando los golpes al mismo ritmo. Bubúm-bubúm. Exactamente al unísono.


miércoles, 15 de enero de 2014

Eppur


Tengo una disminución auditiva del 56% en el oído derecho y del 63% en el izquierdo. Soy sordo.
Mi sordera se llama Sumo. Escucho Sumo desde hace 30 años con los auriculares al máximo volumen que admite mi cabeza.
Claramente cada vez admito mayor volumen; hoy escucho al máximo y Sumo suena lejos.
Mi sordera se llama Sumo y la llevo con la frente bien alta. Sin audífono.

Mi hígado tiene un par de mecanismos estropeados. Produce más ácido úrico del que necesito. Eso se llama gota.
Mi gota se llama Gordon Dry Gin. En una época me jactaba de que mi departamento pareciera una fábrica de botellas.

Mi corazón está, como se dice por ahí, cascoteado. No quiero que me den detalles morbosos, pero sé que eso se llama haber dado todo en cada cosa que hice y no haberme quedado con nada por vivir.


Eppur persiste.

domingo, 12 de enero de 2014

Peligro


¿Qué asusta a un burgués? 

La amenaza de perder sus privilegios, la fantasía de ser rico. 

Y como dijo Brecht, nada más peligroso que un burgués asustado.

Lo interesante es que no estoy seguro de que en los últimos años hayan perdido algún privilegio, incluso quizás lo hayan ganado. Sin embargo, han reaccionado con susto violento.

No sé qué presagia eso.

Observador

"Q hacés?", me preguntó Victoria por sms y le respondí que estaba ayudando a mi tío Ricardo a instalar un aparato de aire acondicionado en casa de mi madre. 
Mi tío Ricardo sabe arreglar todo.
Me parecía que hacía magia al ajustar unos tubitos de cobre, hacer un agujero grande en la pared, conectar cables, colocar en la pared soportes para empotrar una máquina enorme... 
En un momento cualquiera, sin mirarme dijo:
"En el taller tenemos un perro chico que hace lo mismo que vos. Se sube arriba de la mesa (yo no estaba arriba de la mesa) y mira cada cosa que hago. Mueve la cabecita para acá, para allá. No se pierde nada".










miércoles, 8 de enero de 2014

Cosecha de Serpiente

La Serpiente de 2013 se ha llevado a Margaret Thatcher (al fin), Hugo Chávez (una pérdida grande, tal vez clave), Julio Márbiz (al fin), Elsa Borneman (temprano), Carmen Vallejos (seguirá en mi infancia), Alejandro Urdapilleta (temprano), Ernesto Schoo (compañero de Tiempo Argentino), Eduardo Falú (finalmente, más cerca del arpa), Peter O’Toole (otra pérdida), Nelson Mandela (misión bastante cumplida), Franklin Caicedo (también misión bastante cumplida, aunque los poetas siempre tienen algo más para decir), los criminales Jorge Videla y José Alfredo Martínez de Hoz (escupimos sobre sus tumbas), Lou Reed (muy llorado), Clorindo Testa (pérdida importante), Manolo Galván (el romanticismo español ha perdido una voz y una barba candado), Guillermo Rico (estarás siempre en mi enorme televisor blanco y negro en el que veíamos Rolando Rivas, taxista), García Ferré (el Papá de la Infancia Argentina de los 70), Tangalanga (no me asombraría que su espíritu se aparezca en una sesión de espiritismo y agarre para la joda a uno de los presentes) y a Guillermo Nimo (no murió, sólo abandonó su cuerpo aquí; en el cielo está con sus compañeros Daniel, Cassiel y Peter Falk).


lunes, 9 de diciembre de 2013

El celular de la señora


En el asiento de mi lado en el subterráneo hay una señora bastante mayor. Desde hace un rato está sonando su celular, con un llamado apremiante e insoportablemente obstinado. La señora busca y rebusca en su pequeña cartera y no lo encuentra. Busca mucho pero con una lentitud exasperante. Suena el celular con insistencia de gato que no se resigna a morir y el ruido del tren subterráneo es ensordecedor. Es increíble que no pueda hallarlo en una carterita tan pequeña, para llevar el atado de cigarrillos y un encendedor. En su cara no se nota  angustia ninguna. Al fin lo encuentra: es un celular gigante. Ni entiendo cómo cabía allí dentro.