Mi mamá se llevaba pocos días de diferencia con John Lennon. Si hubiera nacido en otro lugar, quizás hubiera sido una hippie.
Amor libre, pelos, marihuana, paz, flores.
Conozco gente de mi edad que tiene fotos de sus padres
disfrazados de ropa de colores, vinchas, descalzos. bailando o meditando.
Pero mi mamá se crió en una ciudad del interior de la
provincia de Buenos Aires, en el campo, en una familia pobre, escuchando zambas
por la radio, en un ambiente que festejaba a los militares —tanto, que todavía
los festeja.
La Marcha de la bronca no tenía mucho lugar en aquel mundo,
Y sin embargo algo de la juventud se había infiltrado en mi mamá, lo que la
hacía siempre entusiasta y alegre.
Una vez vio una porno. No recuerdo cómo lo mencionó, pero
yo, que tendría unos 25 años, pensé que era algo muy divertido. Estaba claro
que ella no consumía porno, sino que había visto una película.
Le pedí su opinión: estaba indignadísima. Entendí que era
por la asquerosidad de la película, y me dispuse a escuchar su proclama de
condena moral, pero sólo gritó: “Era algo que no tenía nada que ver con el
sexo, ¡era una cosa ginecológica!”
Es un gran regalo haber tenido una madre divertida. Otros,
cuando piensan en su viejita, la ven planchándole los pantalones al parásito de
su marido, o recuerdan una mujer a punto de morir de cansada, pero yo recuerdo a
mi mamá cuando regresaba del hospital, de una operación, y se ponía a
relatarnos los detalles de lo que había sucedido en el quirófano, como si fuera
un western.
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El pornos es más real que lo real. Nadie ve sus geniales como los muestra la pornografía a menos que haga el amor observado en formas especulares lo que los cuerpo ejercen. Salvadas excepciones. La pornografía es un gran libro practico de educación sexual material. De ningún modo educa en el amor ni en el sexo ni en el deseo. Es una representación. Bastante literal. Creo que es un poco más intrigante un quirófano. De todos modo lo íntimo, intimida.
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